sábado, 30 de junio de 2012

Vestir con estilo

Mi recomendación para esta semana es un libro fresco y ameno: "Vestir con estilo" de María León.



Fotografía del blog de María León
www.elblogdemarialeon.com

María León (Sevilla, 1980)  licenciada en ciencias del medio ambiente, es actualmente directora de comunicación de Pedro del Hierro, blogger de éxito (ha recibido recientemente el premio a la mejor blogger de España concedido por @acotex). Tiene un blog en Hola! y un álbum de fotos en Yodona . Es embajadora de la Asociación Española de Blogs de Moda. Forma parte de la junta directiva de la Asociación Española de Coolhunting.

Este es su primer libro: un manual en  el que nos asesora sobre como vestir en 50 ocasiones diferentes. Los consejos están llenos de estilo y algo importante: sentido común y no sólo referido al vestuario sino también como "saber estar" en distintos ambientes y situaciones.
Las fotografías son de gran calidad y María interpreta todos los looks con gran acierto. Las ilustraciones  del artista conceptual Juan Garaizabal (Madrid, 1971)  van como anillo al dedo a los textos, además de denotar un fino sentido del humor, en algunas hay divertidos guiños al romanticismo.
Es en resumen, un cuidado trabajo, una excelente edición, un libro lleno de vida, color y ¡muy práctico! 


Con María,  en la pasada feria del libro

martes, 26 de junio de 2012

El Mercado de Abastos

Os presento otro relato, en esta ocasión dedicado a mi madre. Se publicó en el libro "Al encuentro de todo" editado por la Escuela de Escritores".





Está inspirado en el Mercado de Abastos de Almendralejo.

Fotografía perteneciente al blog 
extremaduraymas.blogspot.com



El mercado de abastos
Para Mami


No puedo convencerla. Carmen, la cocinera no me quiere llevar al Mercado de Abastos. Llevo todo el invierno pidiéndoselo  y siempre me da la misma respuesta arisca:
— ¡Qué no, niña! ¡Qué eres muy chica y vas a ser un estorbo!
— ¡Prometo que creceré esta noche y no te molestaré!
Carmen me miraba, se secaba el sudor de la frente con el delantal y murmuraba: ¡Ea, que te he dicho que no!
Deseaba ver el mercado. Cuando Carmen llegaba de la compra sacaba del carro tantos olores y colorido, que  parecía venir de algún lugar de fantasía, era como una Aladina. Iba depositando todo sobre la mesa de la cocina: grandes hojas de lechuga, puerros, coles, acelgas y espinacas, luego le hacían compañía tomates rojos, pepinos, pimientos, toda clase de frutas, más tarde sacaba jugosos trozos de carne y por último pescado. Yo seguía el festival  con la mirada, sentada en una sillita de enea Luego, la cocinera iba colocando todo en su sitio, a la vez que hacía comentarios sobre las compras:
— ¡El Antonio no me engaña otra vez con el pollo! ¡Será malo! Por cierto: hoy han traído pollitos de colores.
— ¿De  colores? Yo sólo los conozco amarillos
—Pues aquí los hay verdes, azules y muchos más
Estaba convencida de que era mentira y que Carmen era mala. Pero por si acaso aventuré:
            —Quiero uno, y que sea azul ─ dije mirándola fijamente para ver que cara ponía.
            — ¡Qué niña esta! Pues dile a tu madre que te lleve.
Decidí intentarlo, pronto sería mi octavo cumpleaños y mamá era la mejor del mundo,  hacía empanadillas a las que decoraba con mi nombre; me daba fiestas de disfraces y ella se vestía de Kiko Ledgard con muchos billetes en la mano y jugábamos al Un, dos, tres. Mamá, además sabe montar en bicicleta y me lleva con ella, patina sin caerse y me canta la canción: “El día que yo me case a de ser a gusto mío, pío papío”, con su guitarra. También ve conmigo las películas de Marisol.
 Si se lo pido me llevará al Mercado.
Pero mamá se negó, dijo que tenía que ir al colegio y que no podía ser.
Pues entonces me escaparía, mi cumpleaños es en febrero, faltaba poco y así no me reñirían. Cuando llegó el día, me desperté muy temprano. Hacía frío, cogí mi abrigo marrón con ribetes en negro, regalo de los abuelos, a mí me gustaba más el azul de mi prima con sus botones de terciopelo, pero mamá me dijo:
— Tú tienes más suerte, el tuyo te lo han regalado con todo su cariño tus abuelos.
Salí de casa con cuidado, el portón tenía una campana  y para que no la oyeran me subí poniendo el pie en el cerrojo y así la alcancé y le di la vuelta, dejándola muda. Llegué al mercado siguiendo a  una señora con un carro.
Con timidez entré  y vi  un gran patio en el centro, que aunque estaba cerrado, se podía ver el cielo. Los muros eran de ladrillo. Alrededor estaba la zona cubierta para los puestos,  unos detrás de otros, todos de azulejos blancos y de color crema, cada uno tenía su número. Encima de cada puesto había un soportal del que colgaban hileras de faroles grises. Sobre los mostradores estaban las diferentes mercancías. Me llegaban los olores y la algarabía. Era  maravilloso ¡más increíble de lo que contaba Carmen! ¡Esto era una gran aventura todavía mejor que las de los Payasos de la Tele!
De pronto oí piar ¿Serían pollitos? Miré para todos lados pero no veía nada. Seguí el sonido y por fin los vi en una cesta: ¡los había de todos los colores! tal y como había dicho Carmen. Me alegré de que no fuera una mentirosa.  Eran azules, rojos y verdes y eran de verdad. Los acaricié y me pareció que les gustaba. Hoy era mi cumpleaños, cuando volviese a casa, pediría uno como regalo. Miré para ver cual elegiría. Y habría que ponerle nombre. Pues como era del mismo pueblo que yo, se llamaría “Almendralejito”.
Un hombre con un delantal blanco, que salió de un mostrador de pollos, se me acercó:
            —Niña ¿te has perdido?
            —No, sé donde estoy—dije muy tranquila.
            —Pero ¿con quién has venido?
            —Mmmmm con Carmen—mentí.
            — ¿Y dónde está?
            —Creo que se ha perdido
            — ¿No serás tu la que se ha perdido? ─ dijo poniendo los brazos en jarras y mirándome desde lo alto con lo que me pareció mala cara.
            —No señor pollero—y salí corriendo al ver su nombre en la bata: Antonio.
Me escondí detrás de un puesto que estaba vacío y allí permanecí un rato. Enseguida se olvidarían de mí y podría seguir viendo los puestos, quería acercarme al de los pollitos, para asegurarme de que el mío seguía allí.
 Sentí una mano muy grande en mi hombro. ¡El pollero estaba detrás de mí! No me atreví a mirarle, hasta que oí una voz de hombre:
            — ¿Eres Marichu?
¡No era el pollero! Me di la vuelta y vi a un guardia civil muy alto con su tricornio negro.
            —Si, soy Marichu, pero no he robado nada ─ respondí asustada.
            —Pero te has escapado de casa ¿verdad?
            —No, solo he venido a ver el mercado, es mi regalo de cumpleaños, bueno, el primero, porque el segundo es un pollito.
            En ese momento vi  llegar a mamá y a Carmen, venían llorando y me abrazaron, eso al principio, luego mamá me riñó muchísimo. Gracias a Carmen me habían encontrado. Mamá me dijo que a pesar de ser mi cumpleaños iba a estar castigada todo el día. Salí del mercado de la mano de mamá, con el guardia civil al lado y todo el mundo mirándonos. El pollero me decía adiós con la mano sonriendo, no podía ser malo.
Mi regalo se había terminado Y Carmen, después de todo, si era un poquito mentirosa, pero ya sólo un poquito menos.





viernes, 22 de junio de 2012

Algunas críticas de mi novela "Un mediador inesperado" ¡Muchas gracias por vuestras opiniones!


 Entretenido y sugerente 27 de mayo de 2012
Formato:Versión Kindle|
He leído con placer la interesante novela de Sonia Montero, «Un mediador inesperado». La obra tiene todo el atractivo ritmo de excelente guión cinemátografico, el libro es muy visual y nos adentramos fácilmente en él, casi sin ningún esfuerzo; la lectura entra por nuestros ojos y nos vemos envueltos en la trama de forma involuntaria. Su principal personaje, Teresa, es una mujer que atrapa enseguida y nos hace cómplices de su singular aventura en el tiempo. El tema central de la novela son las dificultades en las relaciones matrimoniales y el argumento se desarrolla a través de unos cortos viajes en el tiempo de la protagonista principal a un año determinado del último cuarto del siglo XIX español. Los personajes están bastante bien delineados y el estilo literario es fluido y sólido. Permitidme que les recomiende este libro como de muy agradable lectura.

4.0 von 5 Sternen Más que un viaje en el tiempo13. Februar 2012
(Laurens, South Carolina) -
  
Rezension bezieht sich auf: Un mediador inesperado (Kindle Edition)
Por fin una novela que reúne lo fantástico, viajes en el tiempo, o mejor, repetidas visitas a una época pasada,con la calidad de una obra literaria amena y bien investigada. La historia es absolutamente actual, el pasado está tan bien descrito que parece igualmente actual. y en medio, la protagonista, con la cual pensamos y dilucidamos en todo momento. Una novelita muy recomendable, sí señor. Alguno, mientras pasa el rato cautivado, hasta podrá aprender de Historia.

Hola Sonia, soy Lely y quiero que conste aquí lo que me ha gustado el libro, como dice Encarna es muy entretenido y muy dinámico, ya te dije que me parecía muy cinematográfico en las descripciones. Me ha encantado. Bueno, pues a escribir más que me gusta mucho leer tus libros.
Un besazo.

lunes, 18 de junio de 2012

50 cuadros

Este relato está dedicado a mi querido padre, Luis.
Está incluido en el libro " Hasta anegar las torres" editado por la Escuela de Escritores.


50 CUADROS

                                                                                                                                                                                                      
                                                                                                          A papá

    Mis cuadros serán para ti.
Muchas veces se lo dije a mi hija. Ahora los tiene en el trastero,  en el sótano de su casa. Al principio no sabía que hacer con ellos. Eran  medio centenar, casi todos de formato pequeño y la mayor parte abstractos.
Algunos sábados por la mañana iba a verlos, desenvolvía el papel protector y los miraba largo rato, otras veces les hacía fotografías con su cámara digital y  luego las  metía en su ordenador y hacía ampliaciones. Parecía buscar detalles especiales. Comprendí que los escudriñaba intentando averiguar lo que me había gustado de ellos. No tenía que hacer muchos esfuerzos, pues sus gustos pictóricos se parecían a los míos.
Poco a poco los ha ido ubicando. En su salón tiene algunos; otros muy escogidos los ha regalado a varios de mis amigos.
Una vez  me preguntó cual era mi favorito, le dije que  el de los barcos y  lo ha colgado en su cuarto. Lo mira todas las noches antes de dormir, se recrea en los detalles, los tejados de las casas, las formas geométricas, los barcos pasando debajo del puente, los colores. Me gusta el gesto, es una forma de comunicarse conmigo.
Hace unos días volvió a bajar, estaba pensativa, me di cuenta de que tenía algo importante que hacer. Sacó unos cuantos al pasillo y los contempló. Vi como se subía las gafas por la nariz para verlos mejor, cómo se retiraba el pelo detrás de las orejas y  daba mordiscos a un bolígrafo verde con una calabaza en el extremo. Sonreí: era mío.
 La oí murmurar en voz baja:
— ¿Cuál le gustaría a Teresa?
Teresa era mi mejor amiga, mi confidente, mi reposo, la pintora de larga figura, pelo negro alborotado, ojos sabios y risa perpetuamente joven. La misma que un día me propuso subir en globo. No parecía una idea muy sensata. ¿Para qué quería ver el mundo desde el aire un señor como yo con los pies en la tierra? Mi parte fantasiosa, que siempre había vivido en mí  de forma tímida, decidió salir y monté en globo y viajé y comencé una aventura que me apasionó: una colección de pintura, de la mano de quién sabía y me aconsejaba: la chica del globo.
Tenía que ayudarla a elegir el cuadro. La luz del trastero se apagó durante unos segundos,  mi hija pegó un respingo y cuando la bombilla se volvió a encender,  el primer dibujo que vió fue un goache de lleno de pequeñas manchas de colores cálidos que conformaban un tapiz de diminutas luces brillantes. Alargó la mano para ver el autor, su apellido era igual al pueblo donde vivía Teresa. Levantó una ceja sorprendida y lo subió a su casa.
Lo colgó unos días para verlo y decidió que era una buena elección.
Envolvió el cuadro con cuidado en papel de burbujas, le puso la dirección y luego lo llevó a correos, iba contenta, con la esperanza de que a mi amiga le gustara.
Dos días más tarde, Teresa llamó a mi hija, le dijo que le había emocionado el envío.
      —Quería que tuvieras un recuerdo de Papá, por eso te lo regalo con cariño ¿Te gusta el  dibujo?
      —Más que eso, hay algo que no sabes. Tu padre y yo compramos juntos los cuadros, hacían pareja, le pregunté cuál quería y me dijo: “ el de tonos cálidos”, así que yo me quedé el de colores fríos. Y cada uno lo colgó en su casa. Y ahora… vuelve a estar la pareja junta.
Veo que mi hija se ha quedado perpleja. Se hizo un breve silencio. Teresa lo interrumpió:
      —Las cosas van encajando en su sitio…
Estoy contento, las dos están felices y se han dado cuenta de mi participación en el asunto. Saben que estoy cerca. Entre donde estoy yo, y donde están ellas, el amor circula con fuerza, viaja de un lugar al otro y a veces es posible sentirlo de manera clara. Sólo hay que amar intensamente y estar atento. Entonces lo captareis. Seguro.


Este relato está inspirado en dos cuadros, el primero: su favorito, del pintor y buen amigo Carlos Greus


Y el segundo: del pintor sevillano Jaime Burguillos (1930-2002)




sábado, 16 de junio de 2012

Viajando en el tiempo

Emulando a Teresa, la protagonista de la novela.



Me hubiera entusiasmado viajar en el tiempo. O... ¿Quizá viajé?....

viernes, 15 de junio de 2012

Pistoletazo de salida

Buenas noches lectores, futuros lectores, amigos, curiosos e inesperados visitantes.
Bienvenidos todos. Este es un rincón para presentar mi primera novela: "Un mediador inesperado", para hablar de otros libros, relatos, ensayos y... sorpresas.